martes, 6 de abril de 2010

ABHIJNAH


ABHIJÏAH. (sáns. Svami Prabhupäda). Plenamente consciente.







Abhijïaù: En El Bhagavad-gétä, el Seïor Çré Kåñëa declara que únicamente El supervisa la energía creadora, prakåti, que constituye la totalidad de la materia. Por eso, Çré Vyäsadeva no adora a Brahmä, sino al Seïor Supremo, que es quien guía a Brahmä en sus actividades creadoras. En este çloka, las palabras abhijïaù y svaräö, en particular, son muy significativas. Estas dos palabras distinguen al Seïor Supremo de todas las demás entidades vivientes. Ninguna otra entidad viviente es ni abhijïaù ni svaräö. Es decir, nadie está plenamente consciente, ni nadie es totalmente independiente. Hasta Brahmä tiene que meditar en el Seïor Supremo para poder crear. ¡Que decir, entonces, de los grandes científicos como Einstein! Desde luego, la inteligencia de un científico como ese no es producto de ningún ser humano. Los científicos no pueden fabricar un cerebro como ese, y, ¿que decir de los tontos ateos que desafían la autoridad del Seïor? Aun los impersonalistas mäyävädés que se jactan de que pueden volverse uno con el Seïor, no son abhijïaù ni svaräö. (S.B., 1º, Cap. 1, V. 1, pág. 44).


abhijïaù. inteligente (C. 4º, Cap. 21, V. 10).


abhijïaù. plenamente consciente (C. 1º, Cap. 1, V. 1).


abhijïäù. los eruditos (C. 10º, Cap. 8, V. 14).


Abhijïaù:



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namo bhagavate väsudeväya

janmädy asya yatonvayäd itarataç cärtheïv abhijïaù svaräö

tene brahma hådä ya ädi-kavaye muhyanti yat sürayaù

tejo-väri-mådäà yathä vinimayo yatra tri-sargo ’måïä

dhämnä svena sadä nirasta-kuhakaà satyaà paraà dhémahi



om—¡oh mi Seïor!; namaù—ofreciendo mis reverencias; bhagavate—a la Personalidad de Dios; väsudeväya—a Väsudeva [el hijo de Vasudeva], o el Seïor Çré Kåñëa, el Seïor primordial; janma-ädi—creación, conservación y destrucción; asya—de los universos manifestados; yataù—de quien; anvayätdirectamente; itarataùindirectamente; ca—y; artheñu—propósitos; abhijïaù—plenamente consciente; sva-räö—totalmente independiente; tene—impartió; brahma—el conocimiento vedico; hådä—la conciencia del corazón; yaù—aquel que; ädi-kavaye—al primer ser creado; muhyanti—están engaïados; yat—respeto al cual; sürayaù—grandes sabios y semidioses; tejaù—fuego; väri—agua; mådäm—tierra; yathä—tanto como; vinimayaù—acción y reacción; yatra—con lo cual; tri-sargaù—las tres modalidades de la creación, las facultades creadoras; amåñä—casi real; dhämnä—junto con todos los enseres trascendentales; svena—de forma autosuficiente; sadä—siempre; nirasta—negación por la ausencia de; kuhakam—ilusión; satyam—verdad; param—absoluta; dhémahi—yo medito en.



TRADUCCIÓN



¡Oh, mi Seïor, Çré Kåñëa, hijo de Vasudeva!, ¡oh, Personalidad de Dios omnipresente!, a Ti Te ofrezco mis respetuosas reverencias. Yo medito en el Seïor Çré Kåñëa, porque El es la Verdad Absoluta y la causa primordial de todas las causas de la creación, conservación y destrucción de los universos manifestados. El está directa e indirectamente consciente de todas las manifestaciones, y es independiente, pues no existe ninguna otra causa más allá de El. En el principio fue únicamente El quien impartió el conocimiento vedico en el corazón de Brahmäjé, el ser viviente original. El hace que hasta los grandes sabios y semidioses se engaïen, tal como a uno lo confunden las representaciones ilusorias del agua que se ven en el fuego, o de la tierra que se ve en el agua. Únicamente debido a El, los universos materiales, manifestados temporalmente por las reacciones de las tres modalidades de la naturaleza, parecen reales, aunque son irreales. Por consiguiente, yo medito en El, el Seïor Çré Kåñëa, quien existe eternamente en la morada trascendental, la cual siempre está libre de las representaciones ilusorias del mundo material. Yo medito en El, pues El es la Verdad Absoluta.



SIGNIFICADO



Las reverencias a la Personalidad de Dios, Väsudeva, denotan directamente al Seïor Çré Kåñëa, quien es el divino hijo de Vasudeva y Devaké. Este hecho se explicará más explícitamente en el texto de esta obra. Çré Vyäsadeva afirma aquí que Çré Kåñëa es la Personalidad de Dios original, y que todas las demás son Sus porciones plenarias directas o indirectas, o bien porciones de la porción. Çréla Jéva Gosvämé, en su Kåñëa-sandarbha, ha explicado el tema en cuestión de una forma aún más explícita. Y Brahma, el ser viviente original, en su tratado llamado El Brahma-saàhitä, ha explicado sustancialmente el tema que trata de Çré Kåñëa. En El Säma-veda Upaniñad, tambien se declara que el Seïor Çré Kåñëa es el divino hijo de Devaké. Por lo tanto, en esta oración, la primera proposición sostiene que el Seïor Çré Kåñëa es el Seïor primordial, y si ha de entenderse que existe alguna nomeclatura trascendental propia de la Absoluta Personalidad de Dios, ha de ser el nombre indicado por la palabra Kåñëa, que significa “el supremamente atractivo.” En muchos lugares de El Bhagavad-gétä, el Seïor afirma que El es la Personalidad de Dios original, y esto lo confirma Arjuna, y tambien grandes sabios, tales como Närada, Vyäsa, y muchos otros. En El Padma Puräëa tambien se declara que, de los innumerables nombres del Seïor, el nombre de Kåñëa es el principal. Väsudeva denota la porción plenaria de la Personalidad de Dios, y todas las diferentes formas del Seïor, siendo identicas a Väsudeva, se indican en este texto. El nombre Väsudeva denota en particular al divino hijo de Vasudeva y Devaké. Los paramahaàsas, que son aquellos miembros de la orden de vida de renuncia que se han perfeccionado, siempre meditan en Çré Kåñëa.



Väsudeva, o el Seïor Çré Kåñëa, es la causa de todas las causas. Todo lo que existe emana del Seïor. La manera en que ello ocurre, se explica en capítulos posteriores de esta obra. Mahäprabhu Çré Caitanya ha descrito esta obra como el Puräëa inmaculado, debido a que contiene la narración trascendental acerca de la Personalidad de Dios, Çré Kåñëa. La historia de El Çrémad-Bhägavatam tambien es muy gloriosa. Fue recopilado por Çré Vyäsadeva, despues de este haber alcanzado la madurez en el conocimiento trascendental. El lo escribió bajo las instrucciones de Çré Näradajé, su maestro espiritual. Vyäsadeva recopiló toda la literatura vedica, que contiene las cuatro divisiones de los Vedas, los Vedänta-sütras (o los Brahma-sütras), los Puräëas, El Mahäbhärata, etc. Mas, no obstante, no estaba satisfecho con ello. Närada, su maestro espiritual, advirtió su descontento, y, por lo tanto, le aconsejó que escribiera acerca de las actividades trascendentales del Seïor Çré Kåñëa. Esas actividades trascendentales se describen específicamente en el Decimo Canto de esta obra. Pero, a fin de poder llegar hasta su propia esencia, uno tiene que proceder gradualmente, mediante el desarrollo de conocimiento de las categorías.



Es natural que una mente filosófica quiera saber del origen de la creación. De noche ve las estrellas en el cielo, y naturalmente especula acerca de sus habitantes. Esa clase de preguntas son naturales en el hombre, pues este tiene una conciencia desarrollada, más elevada que la de los animales. El autor de El Çrémad-Bhägavatam da una respuesta directa a esas preguntas. El dice que el Seïor Çré Kåñëa es el origen de todas las creaciones. No sólo es el creador del universo, sino tambien el destructor del mismo. Por la voluntad del Seïor, la naturaleza cósmica manifestada es creada en un cierto período, es conservada por algún tiempo, y luego, tambien por la voluntad de El, es aniquilada. Por consiguiente, la voluntad suprema se halla tras todas las actividades cósmicas. Desde luego que existen ateos de varias categorías que no creen en un creador, pero ello se debe a un escaso acopio de conocimiento. Por ejemplo, el científico moderno ha creado satelites espaciales, y mediante uno que otro dispositivo estos satelites son lanzados al espacio sideral, a volar por algún tiempo bajo el control del científico, que se encuentra muy lejos de ellos. De igual modo, todos los universos, con sus innumerables estrellas y planetas, los controla la inteligencia de la Personalidad de Dios.



En las Escrituras vedicas se dice que la Verdad Absoluta, la Personalidad de Dios, es la principal de todas las personalidades vivientes. Todos los seres vivientes, desde Brahmä, el primer ser creado, hasta la más pequeïa de las hormigas, son seres vivientes individuales. Por encima de Brahmä existen incluso otros seres vivientes con capacidades individuales, y tambien la Personalidad de Dios es un ser viviente de ese tipo. Y El es un individuo, tal como tambien lo son los demás seres vivientes. Pero el Seïor Supremo, o el ser viviente supremo, tiene la mayor inteligencia, y posee las más inconcebible energías de toda clase de diferentes variedades. Si el cerebro de un hombre puede producir un satelite espacial, uno puede imaginar muy fácilmente cómo cerebros más elevados que los hombres pueden producir cosas igual de maravillosas y muy superiores. La persona sensata aceptará fácilmente este argumento, pero hay ateos obstinados que jamás estarán de acuerdo. Sin embargo, Çréla Vyäsadeva acepta de inmediato que la inteligencia suprema es el parameçvara. El le ofrece sus respetuosas reverencias a la inteligencia suprema, a quien se le da el tratamiento de para, o parameçvara, o Suprema Personalidad de Dios. Y ese parameçvara es Çré Kåñëa, como se reconoce en El Bhagavad-gétä y otras Escrituras presentadas por Çré Vyäsadeva, y específicamente en este Çrémad-Bhägavatam. En El Bhagavad-gétä, el Seïor dice que no existe ningún otro para-tattva (summum bonum) aparte de El mismo. Por consiguiente, Çré Vyäsadeva adora de inmediato al para-tattva, Çré Kåñëa, cuyas actividades trascendentales se describen en el Decimo Canto.



Algunas personas inescrupulosas van inmediatamente al Decimo Canto, y especialmente a los cinco capítulos que describen la danza räsa del Seïor. Esa porción de El Çrémad-Bhägavatam es la parte más íntima de esta gran obra literaria. A menos que uno este totalmente versado en el conocimiento trascendental del Seïor, es seguro que entenderá equivocadamente los venerables pasatiempos trascendentales del Seïor conocidos con el nombre de la danza räsa, y Sus amoríos con las gopés. Este tema es altamente espiritual, y sólo las personas liberadas que han llegado gradualmente a la etapa de paramahaàsa, pueden saborear de modo trascendental esa danza räsa. Por lo tanto, Çréla Vyäsadeva le da al lector la oportunidad de desarrollar de manera paulatina su comprensión espiritual, antes de saborear de hecho la esencia de los pasatiempos del Seïor. En consecuencia, el invoca a propósito un mantra Gäyatré, dhémahi. Este mantra Gäyatré está hecho para la gente adelantada espiritualmente. Cuando uno canta con exito el mantra Gäyatré, puede entender la posición trascendental del Seïor. De manera que, uno debe adquirir cualidades brahmínicas o encontrarse perfectamente situado bajo la cualidad de la bondad, para poder cantar con exito el mantra Gäyatré y alcanzar luego la etapa en la que comprenda trascendentalmente al Seïor, Su nombre, Su fama, Sus cualidades, etc.



El Çrémad-Bhägavatam es la narración acerca del svarüpa del Seïor que Su potencia interna manifiesta, y esta potencia se diferencia de la potencia externa que ha manifestado al mundo cósmico, el cual está al alcance de nuestra experiencia. En este çloka, Çréla Vyäsadeva hace una clara distinción entre las dos. Çré Vyäsadeva dice aquí que la potencia interna manifestada es real, mientras que la energía externa manifestada en la forma de la existencia material, es únicamente temporal e ilusoria, como el espejismo que aparece en el desierto. En el espejismo del desierto no hay verdadera agua, sino únicamente la apariencia de agua. El agua verdadera se encuentra en algún otro lugar. La creación cósmica manifestada parece la realidad, pero no es más que una sombra de ella, pues la realidad se encuentra en el mundo espiritual. La Verdad Absoluta está en el cielo espiritual, no en el cielo material. En el cielo material, todo es verdad relativa, es decir, una verdad depende de alguna otra cosa. Esta creación cósmica es el resultado de la interación de las tres modalidades de la naturaleza, y las manifestaciones temporales están creadas de forma tal que le presenten una ilusión de la realidad a la mente confundida del alma condicionada, quien aparece en muchísimas especies de vida, incluso entre los semdioses superiores, tales como Brahmä, Indra, Candra, etc. De hecho, no existe realidad en el mundo manifestado. Sin embargo, parece haber realidad, a causa de la verdadera realidad que existe en el mundo espiritual, en donde la Personalidad de Dios existe eternamente con Sus enseres trascendentales.



El ingeniero jefe de una complicada construcción no participa personalmente en la misma, pero conoce cada rincón y escondrijo de ella, porque todo se hace bajo su dirección. El conoce todo lo referente a dicha construcción, tanto directa como indirectamente. De forma similar, la Personalidad de Dios, que es el ingeniero supremo de esta creación cósmica, conoce cada rincón y escondrijo de ella, aunque los asuntos los llevan a cabo los semidioses. En la relación material, desde Brahmä hasta la insignificante hormiga, nadie es independiente. La mano del Seïor se ve por doquier. Todos los elementos materiales, así como tambien todas las chispas espirituales, emanan únicamente de El. Y todo lo que se crea en este mundo material no es más que la interación de dos energías, la material y la espiritual, que emanan de la Verdad Absoluta, la Personalidad de Dios, Çré Kåñëa. Un químico puede producir agua en el laboratorio químico, mezclando hidrógeno y oxígeno. Mas, en realidad, la entidad viviente trabaja en el laboratorio bajo la dirección del Seïor Supremo, y los materiales con los que trabaja, tambien los proporciona el Seïor. El Seïor conoce todo directa e indirectamente, está consciente de todos los detalles diminutos y es completamente independiente. De El se dice que se asemeja a una mina de oro, y las creaciones cósmicas, que tienen tantas formas diferentes, se asemejan a objetos hechos de ese oro, como anillos, collares, etc. El anillo de oro y el collar de oro son cualitativamente iguales que el oro de la mina, pero cuantitativamente el oro de la mina es diferente. Por lo tanto, la Verdad Absoluta es simultáneamente identica y diferente. Nada es absolutamente igual a la Verdad Absoluta, pero, al mismo tiempo, nada es indenpendiente de la Verdad Absoluta.



Todas las almas condicionadas están creando - desde Brahmä, el ingeniero de todo el universo, hasta la insignificante hormiga -, pero ninguna de ellas es independiente del Seïor Supremo. El materialista piensa equivocadamente que no hay ningún otro creador aparte de el mismo. Eso se denomina mäyä, o ilusión. A causa de su escaso acopio de conocimiento, el materialista no puede ver más allá del alcance de sus imperfectos sentidos, y, en consecuencia, piensa que la materia adopta su propia forma automáticamente, sin la ayuda de una inteligencia superior. Çréla Vyäsadeva refuta esto en el çloka: “Como el todo completo, o la Verdad Absoluta, es la fuente de todo, nada puede ser independiente del cuerpo de la Verdad Absoluta.” Todo lo que le ocurre al cuerpo, llega a ser conocido rápidamente por el que está dentro del cuerpo. De igual manera, la creación es el cuerpo del todo absoluto, y, por ende, el Absoluto conoce directamente e indirectamente todo lo que ocurre en la creación.



En el çruti-mantra, tambien se declara que el todo absoluto, o Brahman, es la fuente última de todas las cosas. Todo emana de El y todo es mantenido por El, y al final, todo entra en El. Esa es la ley de la naturaleza. En el småti-mantra se confirma lo mismo. Se dice que la Verdad Absoluta, o Brahman, es la fuente de donde todo emana al comienzo del milenio de Brahmä, y el depósito en el que todo finalmente entra. Los científicos materialistas dan por sentados que el Sol es la fuente máxima del sistema planetario, pero son incapaces de explicar la fuente del Sol. Aquí se explica la fuente máxima. De acuerdo con las Escrituras vedicas, Brahmä, que puede decirse que es como el Sol, no es el creador último. En este çloka se declara que la Personalidad de Dios le enseïó el conocimiento vedico a Brahmä. Uno podría argüir que Brahmä, siendo el ser viviente original, no podía ser inspirado, porque en esa epoca no había ningún otro ser viviente. Aquí se declara que el Seïor Supremo inspiró a Brahmä, el creador secundario, para que Brahmä pudiera desempeïar sus funciones creadoras. De manera que, la inteligencia suprema que se encuentra detrás de todas las creaciones es Çré Kåñëa, la Divinidad Absoluta. En El Bhagavad-gétä, el Seïor Çré Kåñëa declara que únicamente El supervisa la energía creadora, prakåti, que constituye la totalidad de la materia. Por eso, Çré Vyäsadeva no adora a Brahmä, sino al Seïor Supremo, que es quien guía a Brahmä en sus actividades creadoras. En este çloka, las palabras abhijïaù y svaräö, en particular, son muy significativas. Estas dos palabras distinguen al Seïor Supremo de todas las demás entidades vivientes. Ninguna otra entidad viviente es ni abhijïaù ni svaräö. Es decir, nadie está plenamente consciente, ni nadie es totalmente independiente. Hasta Brahmä tiene que meditar en el Seïor Supremo para poder crear. ¡Que decir, entonces, de los grandes científicos como Einstein! Desde luego, la inteligencia de un científico como ese no es producto de ningún ser humano. Los científicos no pueden fabricar un cerebro como ese, y, ¿que decir de los tontos ateos que desafían la autoridad del Seïor? Aun los impersonalistas mäyävädés que se jactan de que pueden volverse uno con el Seïor, no son abhijïaù ni svaräö. Esos impersonalistas se somenten a severas austeridades, para adquirir el conocimiento con el cual volverse uno con el Seïor. Pero finalmente, se vuelven dependientes de algún discípulo rico que les provee de dinero para construir monasterios y templos. Ateos como Rävaëa o Hiraëyakaçipu tuvieron que someterse a severas penitencias antes de que pudieran burlarse de la autoridad del Seïor. Pero, en fin de cuentas, se hizo que fueran impotentes, y no pudieron salvarse cuando el Seïor apareció ante ellos en forma de la cruel muerte. Esto es lo que ocurre tambien con los ateos moderos que se atreven a burlarse de la autoridad del Seïor. Dichos ateos serán tratados de forma similar, pues la historia siempre se repite. Cada vez que los hombres desdeïan la autoridad del Seïor, la naturaleza y sus leyes se encargan de castigarlos. Esto se confirma en El Bhagavad-gétä, en el conocido verso yadä yadä hi dharmasya gläniù. “Cuando quiera que hay una declinación del dharma y un aumento del adharma, ¡oh, Arjuna!, en ese entonces Yo Me encarno” (Bg. 4.7).



En todos los çruti-mantras se confirma que el Seïor Supremo es supremamente perfecto. Se dice en los çruti-mantras que el supremamente perfecto Seïor lanzó una mirada sobre la materia, y creó así a todos los seres vivientes. Los seres vivientes son partes integrales del Seïor, y El impregna de semillas de chispas espirituales la vasta creación material, y de esa manera las energías creadoras son puestas en movimiento para realizar las muchas y maravillosas creaciones. Un ateo podría argüir que Dios no es más experto que un relojero, pero por supuesto que Dios es más grande, ya que El puede crear máquinas en formas dobles, masculinas y femeninas. Las formas masculinas y femeninas de los diferentes tipos de maquinarias continúan produciendo innumerables máquinas similares, sin la necesidad de la atención adicional de Dios. Si un hombre pudiera fabricar un conjunto semejante de máquinas que pudieran producir otras máquinas sin su atención, podría entonces acercarse a la inteligencia de Dios. Pero eso no es posible, pues cada máquina tiene que ser manipulada individualmente. En consecuencia, nadie puede crear tan bien como Dios. Otro nombre de Dios es asamordhva, que significa que nadie es igual ni más grande que El. Paraà satyam, o la Verdad Suprema, es Aquel ante el cual nadie es igual ni superior. Esto se confirma en los çruti-mantras. Se dice que antes de la creación del universo material existía únicamente el Seïor, quien es el amo de todos. Ese Seïor instruyó a Brahmä en lo referente al conocimiento vedico. Ese Seïor tiene que ser obedecido en todo aspecto. Cualquiera que desee deshacerse del enredo material, debe entregarse a El. Esto tambien se confirma en El Bhagavad-gétä.



A menos que uno se entregue a los pies de loto del Seïor Supremo, es seguro que estará confundido. Cuando un hombre inteligente se entrega a los pies de loto de Kåñëa y entiende completamente que Kåñëa es la causa de todas las causas, como se confirma en El Bhagavad-gétä, sólo entonces puede un hombre así de inteligente volverse un mahätmä, o una gran alma. Pero un alma tan grande se ve muy rara vez. Sólo los mahätmäs pueden entender que el Seïor Supremo es la causa primordial de todas las creaciones. El es parama, o la verdad última, porque todas las demás verdades están relacionadas con El. El es omnisciente. Para El no existe ilusión alguna.



Algunos eruditos mäyävädés arguyen que El Çrémad-Bhägavatam no fue recopilado por Çré Vyäsadeva, y otros sugieren además que este libro es una creación moderna, escrita por un tal Vopadeva. Para refutar semejantes argumentos insensatos, Çré Çrédhara Svämé seïala que en muchos de los Puräëas más antiguos se hace referencia al Bhägavatam. Este primer çloka del Bhägavatam comienza con el mantra Gäyatré. En El Matsya Puräëa, que es el más antiguo de todos los Puräëas, se hace referencia a esto. En relación con el mantra Gäyatré del Bhägavatam, en ese Puräëa se dice que existen muchas narraciones de instrucciones espirituales que comienzan con el mantra Gäyatré. Y existe la historia de Våträsura. Todo aquel que regale esta gran obra en un día de Luna Llena, alcanzará la perfección más elevada de la vida, que consiste en regresar a Dios. Tambien se hace referencia al Bhägavatam en otros Puräëas, en los que se afirma claramente que esta obra fue completada en doce cantos, que comprenden dieciocho mil çlokas. En el Padma Puräëa tambien se hace referencia al Bhägavatam, en una conversación entre Gautama y Mahäräja Ambaréña. Allí se le aconsejó al Rey que, si deseaba liberarse del cautiverio material, leyera regularmente El Srimad-Bhägavatam. En los últimos quinientos aïos, muchos eruditos sabios y äcäryas, tales como Jéva Gosvämé, Sanätana Gosvämé, Viçvanätha Cakravarté, Vallabhäcärya, y muchos otros distinguidos eruditos, incluso despues de la epoca del Seïor Caitanya, elaboraron detallados comentarios acerca del Bhägavatam. El estudiante sincero haría bien en tratar de examinarlos, para saborear con mayor deleite los mensajes trascendentales.



Çréla Viçvanätha Cakravarté Öhäkura trata específicamente la psicología sexual original y pura (ädi-rasa) , despojada de toda embriaguez mundana. Toda la creación material se mueve bajo el principio de la vida sexual. En la civilización moderna, la vida sexual es el punto focal de todas las actividades. Adondequiera que uno mire, ve que la vida sexual es lo preponderante. Por consiguiente, la vida sexual no es irreal. Su realidad se experimenta en el mundo espiritual. La vida sexual material no es más que un reflejo pervertido del hecho original. El hecho original se halla en la Verdad Absoluta, y por eso la Verdad Absoluta no puede ser impersonal. No es posible ser impersonal y contener vida sexual pura. De manera que, los filósofos impersonalistas le han dado un impulso indirecto a la abominable vida sexual mundana, por haber hecho demasiado enfasis en el carácter impersonal de la verdad última. Como consecuencia de ello, el hombre ha aceptado la pervertida vida sexual material como lo máximo que existe, por no tener información de la verdadera forma espiritual de la vida sexual. Existe una diferencia entre la vida sexual en la enferma condición material, y la vida sexual espiritual.



Este Çrémad-Bhägavatam elevará gradualmente al lector imparcial a la más elevada y perfecta etapa de la trascendencia. Lo capacitará para trascender las tres modalidades de las actividades materiales: las acciones fruitivas, la filosofía especulativa y la adoración de deidades funcionales tal como se inculca en los versos vedicos. (S.B. 1º, Cap. 1, V. 1, págs. 39-46).




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